Resumo un artículo de Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique. Es la novela de George Orwel (1948) convertida luego en película y que ya comienza a ser realidad.
El origen de todo es la psicosis antiterrorista y la experiencia de inseguridad personal. Es la rotura del equilibrio privacidad-seguridad en beneficio de esta última. Muchos prefieren “menos intimidad pero más seguridad”. Todo por supuesto con la ayuda de la más alta tecnología.
Ramonet insiste: “a veces mediante los aparatos chivatos que libremente adquirimos: ordenadores, teléfonos móviles … Y otras veces, gracias al uso de sistemas discretos y emboscados que atisban los movimientos de cada persona” como las cámaras de video vigilancia”
No excluyendo en esto la vigilancia voluntaria de quienes con su Internet y, conectado a la vigilancia digital, contribuyen a la labor de ser pyragües digitalizados.
El problema de este sistema es que del mismo modo que ayuda contra el terrorismo y la inseguridad, puede contribuir a coartar la libertad, a la que todos tenemos derecho y a la capacidad de disentir. No estaremos encerrados en cárceles, pero sí “presos al aire libre y mantenidos bajo acecho constante”.
Esto se vive en el Primer Mundo y ya comienza a llegar a nosotros.
jueves, 21 de mayo de 2009
VIGILANTES Y VIGILADOS
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