viernes, 14 de noviembre de 2014

ARNALDO GUTIERREZ ACOSTA




Fue un gran paraguayo que trabajó intensamente por su Patria y por su Fe en Cristo. Desde estas dos realidades quiero dedicarle unas palabras de agradecimiento por todos sus esfuerzos en estos dos aspectos tan importantes de la vida.
Hace cuatro años  me llamó para un proyecto desde el Ministerio de  Educación sobre los Derechos Humanos. Allí me percaté de la unión tan grande, que había en él, de Humanidad y de Valores. Y todo ello desde una gran altura intelectual. Con todas las personas, y consigo mismo, fue sumamente exigente en esto último.
Como sacerdote trabajó intensamente en Ceballos Kue y Villeta. Fue un gran apoyo para los jóvenes de la JOC en Asunción. Durante la dictadura y después,  la libertad y el respeto a las personas  fueron uno de sus grandes ideales.
 Años  más tarde  dejó el ejercicio del sacerdocio, no el ser sacerdote, y ayudó siempre pastoralmente a sus compañeros sacerdotes casados.
Fue  notable su intensa gana de vivir y siempre estaba al tanto de las luchas del Pueblo y tomaba parte en ellas. En el caso concreto de Marina Kue  fue un gran defensor de los campesinos y de su causa.
Algo, que es como resumen de todo lo anterior, fue su gran solidaridad hacia toda persona que se le acercaba solicitado un consejo, una influencia o una ayuda. Era parte de todos y de todo lo que merecía la pena.
José Antonio Pagola tiene esta frase que lo retrata muy bien: “¿Dónde hay creyentes capaces de contagiar su entusiasmo a los demás?  Necesitamos redescubrir que la Fe es sal que puede hacernos vivir de  manera    nueva todo: la convivencia y la soledad, la alegría y la tristeza, el trabajo y la fiesta”. Así era Arnaldo.
Cuando termino estas letras, echo de menos más que nunca su presencia  viva y orientadora en este nuevo Paraguay que estamos haciendo

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